
Retablo Mayor.

Detalle del Retablo Mayor.
Esta pieza excepcional de la retablística riojana y española del renacimiento, fue comenzada por el escultor flamenco Maestre Anse en 1549 y terminada por otro imaginero de la misma procedencia, llamado Arnao de Bruselas, en 1554. Maestre Anse, por problemas con la Inquisición, abandonó la obra en 1550, después de realizar el Calvario, la asunción y las imágenes de San Sebastián, San Juan Bautista y los Evangelistas. Todo lo demás y la traza arquitectónica pertenecen a Arnao de Bruselas. A finales de siglo fue policromado por francisco Fernández Vallejo.
La mazonería o arquitectura es de estilo manierista y se compone de banco, tres pisos, ático, cinco calles y dos entrecalles. a cada uno de los pisos le corresponde un orden arquitectónico diferente: al primer piso, el toscano, que coincide con las escenas de la Pasión; al segundo, el jónico con la imagen del titular San Martín y dos historias de su vida; y al tercero, el corintio, que se identifica con la Asunción y los pasajes de la Anunciación, el Nacimiento, la Eìfanía y la Presentación en el Templo, donde la Virgen es protagonista.
Las imágenes labradas por Maestre Anse, autor de los retablos de Albelda, la Villa de Ocón y Ntra. Sra. de la Paz de la Redonda, se caracterizan por sus rasgos achinados, su estilizado y quebrado cuerpo, que recuerda modelos góticos, y su exquisita y refinada talla.
Arnao de Bruselas es uno de los más grandes imagineros del manierismo español y de los mas prolíficos retablistas de esa época en La Rioja y zonas limítrofes. Comenzó trabajando a las órdenes de Damián Forment en el retablo de Santo Domingo de la Calzada y después continuó, en compañía de Juan de Beaugrant, Andrés de Araoz y otros, labrando los retablos de Grañón, san vicente de la Sonsierra, El Villar de Álava, Genevilla, Lapoblación, Santa María de Palacio, Aldeanueva de Ebro, el trascoro de la Seo de Zaragoza y obras menores.

La Asunción.

San Martín.

Cristo.
Su gran virtuosismo técnico y su capacidad creadora se manifiestan a gran altura en este retablo de los inigualables bajorrelieves del banco, los relieves de la Cena, el Camino del Calvario y el Descendimiento; especialmente, en la monumental y dinámica figura de San Martín que, sola ella, le convierte en un aventajado discípulo de Miguel Ángel.